
Es todo sin querer,
insistís.
Yo miro alrededor,
no hace falta explicación,
me aburro,
siempre,
ya no hay más lágrimas,
ni boulevares,
ni cantos,
en el momento me reconozco,
el momento en el cual los criterios se hacen fuertes,
pero no hace falta.
Ni lágrimas.
Ni ilusiones.
Ni futuro.
Sólo aburrimiento.